Fichen a Pablo

Fichen a Pablo

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La pretemporada avanza lentamente. La primera eliminatoria de castigo acaba de saldarse con un tanteo global de siete a uno favorable al Sevilla y todos continuamos pendientes de los cambios en la plantilla. Han llegado unos cuantos futbolistas prometedores, han salido otros y el ritmo de cambios parece que se va a acelerar en las próximas fechas. Se habla de esfuerzos económicos que pueden batir el récord (económico) de la inversión (dudosa) en Muriel, así como de posibles salidas, millonarias y no tanto, de otros jugadores. A pesar de la ilusión que nos produce la llegada de un futbolista, y las salidas de otros, tenemos que reconocer que se fichan quimeras y se venden hechos (a veces felices, a veces luctuosos, siempre reales), en este baile que no cesará hasta que la música se detenga el 31 de agosto y termine ese juego de la escoba que es el mercado futbolístico.

Puede que me pase lo mismo que en el mundo literario, cuando un editor me dijo que después de tres novelas publicadas aún no me había enterado de qué iba el tema, pero no entiendo, sigo sin entender, los ímprobos esfuerzos que se hacen por fichar quimeras y las dificultades que existen para mantener a las realidades, a esos hechos felices que sostienen al equipo.

Sí, la carrera del futbolista es corta y quiere ganar el máximo dinero posible para la vida que le quede por delante. También son importantes los títulos, las glorias que transformar luego en batallitas para contar a los nietos. Dinero para vivir una buena vejez, títulos para tener un buen recuerdo de la juventud que un día se irá.

Sin embargo, sucede que a veces se nos van futbolistas que son hechos felices que pasan a ser quimeras allá donde llegan y luego se convierten, más de una vez, en hechos luctuosos. Hablo de Vitolo, que se ha perdido un Mundial que contar a sus nietos, de Kevin Gameiro, que no ha sido campeón del mundo y de los mismísimos Aleix Vidal que ahora regresa, internacional con el Sevilla, ojo, o Éver Banega, que se fue y volvió tan rápidamente como pudo, a tiempo de no perderse el Mundial de Rusia, aunque visto el papelón, quizás se lo podría haber ahorrado. Puede que hayan ganado más dinero, ese fluido viscoso y resbaladizo que se realiza en papel de la Fábrica de Moneda y Timbre y se evapora tan fácilmente, pero la batallita que contarán a sus nietos Vitolo o Gameiro pasará del pretérito imperfecto de indicativo del yo fui al pluscuamperfecto de subjuntivo del yo hubiera ido. Y eso, ni para un nieto, ni para nosotros, es lo mismo.

Pienso esto cuando mantengo la esperanza de que el Sevilla realice el fichaje del año. El mejor que podría realizar. Un fichaje que lejos de ser una quimera es un hecho constatable, una realidad, una apuesta segura. Me refiero a la renovación de Pablo Sarabia, un futbolista que ha dado un rendimiento espectacular hasta la fecha, que ha comenzado la temporada como un tiro y que demuestra que el Sevilla y él han encajado como un guante, en un ensamblaje perfecto, con todos los entrenadores que ha tenido. Y han sido varios.

Puede que alguien defienda que costó menos de un millón y que si lo vendemos por los 18 de su cláusula el negocio sería perfecto. Como el de Aleix Vidal, este extraordinario carrilero que ha perdido los tres mejores años de su vida en un equipo en el que ha levantado muchos títulos… vestido de chándal o en traje de calle.

El Sevilla necesita fichar a Pablo Sarabia y Pablo Sarabia espero que haya entendido que, al igual que no fue capaz de reconocerlo Vitolo, el Sevilla es el equipo perfecto para que cuando le llegue la vejez, y sea tiempo de recordar mientras pueda, tenga una buena historia que contar. Al fin y al cabo, la vida no es el dinero que ganamos sino los sueños que fuimos capaces de hacer realidad, el único y verdadero relato que podremos realizar de nuestra vida. Y hay futbolistas que han salido de Nervión y lo único que podrán elaborar sería de uno, y bastante creíble, por cierto, de terror.

Escritor nacido en Sevilla. Ha publicado tres novelas, una de las cuales, “Tres mil viajes al sur”, ha sido finalista del Premio Ateneo de Sevilla. Ha participado y coordinado la antología de relatos “El derbi final”

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