"Jul y Gan" | La opinión de Manuel Machuca

Antes que escribir mi nuevo artículo semanal, debo pedir excusas por ciertos olvidos importantes en el último, referidos a escritores sevillistas cuyos libros podrían hacernos buena compañía durante el verano. Bueno, no. No solo durante el verano, sino a lo largo de todo el año, si bien la presencia de suegros y suegras, cuñados y cuñadas a una distancia más cercana de lo aconsejable durante las vacaciones, nos puedan aconsejar sin dudarlo a dejarnos caer sobre las páginas de un buen libro. Y si ese libro rezuma palanganismo, tanto mejor.

Uno de los peores olvidos ha sido no citar a Daniel Ruiz García, que junto a su hermano Luis Manuel Ruiz conforman una saga familiar de Champions por el prestigio y múltiples reconocimientos literarios que tienen. Daniel ganó el Premio Tusquets de novela en 2016 con La gran ola, que no se refiere a la que deseas que le pille a tu cuñado, sino al mundo de la empresa. El año pasado publicó, ya siempre con Tusquets, Maleza, que engloba varias historias sobre el mundo de los suburbios, y en octubre, cuando nuestro equipo sea el único de la ciudad que surque territorios europeos en busca de la sexta (no la cadena, sino la copa), podremos viajar a ver el partido disfrutando de El calentamiento global (no sean malpensados).

Luis Manuel Ruiz es también un escritor muy digno de la trayectoria europea sevillista, no en vano recibió en Frankfurt, cuando era más joven que Bryan Gil, el Premio Internacional de Novela. Este año ha publicado con la editorial sevillana Algaida la novela Corazón de marfil, y para septiembre, ya que está tan compulsivo como Monchi en materia de fichajes y traspasos, Hugo Lémur y los ladrones de sueños (Aristas Martínez Ediciones).

Si os gusta la poesía, debéis tener en cuenta que a Víctor Jiménez le hierve la sangre roja. Su último libro, Frecuencia modulada, ganó el Premio Paul Beckett de poesía en 2017, y si la historia os mola, en especial de la Semana Santa, Almuzara y El Paseo editorial han publicado varios libros del sevillista Manuel Jesús Roldán de gran éxito.

Para literatura breve cual euforia de bético, os recomiendo los relatos de un escritor mirandés que se hizo palangana por amor, parroquiano en la Peña sevillista Al Relente y degustador de sardinas, Eduardo Cruz Acillona. Versiones ejemplares ha sido su último libro, editado por Enkuadres.

Y en cuestiones editoriales, el lapsus fue mayúsculo con Triskel ediciones, una editorial sevillana que codirige el compulsivo ciclista palangana Rafa Velis y en la que publica nuestra también sevillista Charo Jiménez, de gran éxito con sus libros Trampantojo y el multieditado Ara, como el río. Mis disculpas a esta excelente editorial que se está abriendo un espacio en el sector de una forma que no es casual.

Superadas las erratas por el momento, porque a buen seguro alguien me recordará el olvido de alguno de los nuestros (siempre los mejores), toca hablar del equipo. Ríos de tinta se han escrito acerca de sus virtudes. Apena decirlo, pero, qué lejos queda ya Sarabia, qué poco nos ha importado que Ceballos haya fichado por el Arsenal, cuánta compasión nos produce que Mariano sea uno de los descartes de Zidane. Aún no se ha ido Wissam Miarma y ya lo aceptamos como parte del proceso. Y qué decir de aquellos que se iban a borrar de Twitter, del Sevilla, los que tirarían al río toda la discografía del Arrebato si Lopetegui se hacía cargo del equipo. Ojalá no nos acordemos de los ausentes, ni de algunos presentes, a lo largo de una competición tan larga a la que le quedan casi diez meses para su finalización.

La pinta del equipo es magnífica. Más allá de las individualidades, se ve un conjunto correoso, físico y de gran calidad, con todos los mimbres para hacer una gran temporada. ¿De qué dependerá? De que el físico resista, con una adecuada planificación; de que la motivación sea elevada y se afronte de la forma correcta la presión de la calaña mediática de la capital del reino, para lo que habrá que hacer un buen manejo de la psicología, de los egos y de la competencia; y, finalmente, de la suerte, de que llegue en el momento correcto para que la moral se mantenga y el físico acompañe. Faltaría un cuarto aspecto, como es que aquellos que manejan hilos invisibles, ¡y el VAR! nos acepten, nos permitan competir y dejen de asignarnos el papel de comparsas o de chivos expiatorios de sus ocurrencias.

Difícil lo vamos a tener, a qué negarlo. Mientras tanto, soñemos. Porque es el momento y porque tenemos todo el derecho a ello. Ya nos caeremos de la cama si eso llega. Y para la cama o la sombrilla, un libro de un buen sevillista. Apto para alejar cuñados. Tengan fe.

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