Esta temporada, el cambio en el banquillo traía consigo un cambio de mentalidad a la entidad sevillista en lo que a concepción del fútbol se refiere. El relevo que dado por Sampaoli a Emery al frente del vestuario supuso una apuesta clara por el fútbol ofensivo, el toque y el buen trato al balón. Sin embargo, el Sevilla ha demostrado en lo que va de temporada que también existen otras ocasiones en las que hay que cambiar el modelo y ponerse el mono de trabajo para conseguir aguantar frente a un rival. Así pues, ante la Juventus y ante el Olympique de Lyon, Jorge Sampaoli y su segundo, Juanma Lillo, han sabido plantear dos partidos muy diferentes a lo que suelen hacer con el resto de rivales.

Sin obligación

Para lograr la clasificación a los octavos de la Champions, el Sevilla necesitaba no perder por más de un gol de diferencia en el Parc Olympique Lyonnais. Por ello, Sampaoli supo ver que no había necesidad de volverse loco y lanzar al equipo al ataque en busca de un tanto. El cuerpo técnico nervionense fue consciente de que la pelota estaba en el tejado francés. Los galos eran los que partían en desventaja, al estar obligados a marcar no uno, sino dos tantos y que el Sevilla no transformara ninguno para conseguir la clasificación. Por ello, Sampaoli y Lillo decidieron poner en liza un once para controlar el partido, con un centro del campo poblado y sin delantero centro nato; un centrocampista haría las funciones de falso delantero en las tareas ofensivas. Esta variante, permite contar con un jugador más en el mediocampo en jugadas defensivas y lograr superioridad numérica sobre el rival. El objetivo de lograr la clasificación merecía tomarse el partido con la calma necesaria para saber hacer que el rival se desgastara y salir al contragolpe. De esta forma, los andaluces gozaron de sus mejores ocasiones frente a la portería de Lopes. Vitolo consumó un contragolpe estrellando un balón en el poste y posteriormente, el canario fue objeto de falta clara dentro del área por parte del meta portugués, pero el trencilla no señaló el penalti.

Todo controlado

Tal fue la adaptación lograda por Sampaoli a lo que el partido requería que el Sevilla, segundo equipo con más posesión de balón en la Liga, renunció por completo a ella. El Olympique dominó esa parcela, con un 58.4% frente al 41.6% de la escuadra hispalense. También se pudo ver una gran cantidad de balonazos, impropia del estilo del técnico argentino; hasta 60 pases largos y 22 despejes realizaron los jugadores nervionenses. Finalmente, un dato que es esclarecedor en cuanto a la actitud del Sevilla en el partido es el de los disparos a puerta: 24 del Olympique por 2 del Sevilla. Sergio Rico estuvo acertado en las intervenciones que realizó y la zaga hispalense abortó buena parte de las llegadas que pertrechó el conjunto entrenado por Génésio. Sin embargo, remangarse y centrarse en las tareas defensivas no desembocó en un desorden sobre el terreno de juego, pues el Sevilla solo perdió 10 balones por errores propios en todo el partido.

Igual que en Turín

No es la primera vez que Sampaoli hace un planteamiento similar. En el partido que disputó en esta misma fase de grupos el Sevilla en el Juventus Stadium, el esquema utilizado fue el mismo. Sin delantero centro nato y con falso nueve. Idéntico resultado el obtenido en aquella ocasión (0-0) y situaciones similares, con una posesión perdida (56%-44%), gran cantidad de balones jugados en largo (77) y mucho despeje en defensa (25) en vez de sacar el balón jugado siempre, como es costumbre en el estilo Sampaoli.

Jugar con cabeza

El primer partido de Liga, aquel que disputó el Sevilla frente al Espanyol con marcador de tenis (6-4), hizo pensar al sevillismo que su equipo no sabía defender y sus victorias se basarían en marcar siempre un gol más que el contrario. Con un tercio de la temporada disputado, Sampaoli y su cuerpo técnico han demostrado que este grupo también sabe ponerse el mono de trabajo cuando es necesario y bajar al barro para mancharse y conseguir el resultado que se necesita. El entrenador del Sevilla ha sabido rectificar su discurso inicial y aprender a leer los partidos con los jugadores de los que dispone en este club. No se puede jugar siempre de la misma manera frente a diferentes estilos de juego y clubes y el dueto Sampaoli-Lillo lo está aplicando a la perfección.

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