El opio del pueblo

El opio del pueblo

Llega el turno de los internacionales sevillistas
Césped o gradas
El Mundial llama a las puertas de Nervión

CRÓNICAS RUSAS

A partir de Rusia 2018, elegir quién es mejor, si Ronaldo o Messi, carecerá de importancia, y no solo porque CR7 dejará de formar parte del equipo que fomentaba una discusión sin sentido como esa, sino por algo más sangrante para ambos: su tiempo, el de ellos, ha terminado. Sí, todavía les quedarán muchos goles que marcar… sobre todo, Messi al Sevilla… y hasta títulos que levantar, pero si algo habrá quedado claro a partir del domingo próximo, es que el deporte rey hablará de otros, quizás de MBappé, y, por supuesto, del que fiche Florentino para vender camisetas y que babeen los periodistas de la corte. Porque también para Neymar, salvo merengazo, no habrá otra oportunidad de alcanzar la gloria, salvo si se retira y se dedica a la interpretación. Rodar, le va.

Este campeonato del mundo que llega a sus días álgidos ha destacado, en mi opinión, por la importancia de tres aspectos que se me antojan fundamentales: la portería, la colectividad y la fortaleza moral.

Al menos tres de los cuatro equipos que se han clasificado para las semifinales tienen guardametas extraordinarios que han resultado ser imprescindibles para llegar hasta aquí. Las paradas de Courtois ante Brasil, las de Lloris ante Uruguay o las de Pickford ante Suecia, fueron decisivas; también las de Subasic en los penaltis, aunque durante los encuentros no haya tenido actuaciones comparables a los tres anteriores. Sin embargo, porteros como de Gea o Muslera pifiaron en momentos esenciales, si bien la actuación del español fue más lamentable, al no haber efectuado ninguna parada decisiva en todo el campeonato, lo que no puede decirse del uruguayo. Guardar bien la portería es clave en el fútbol moderno que emerge de este Mundial, porque es el colectivo, el segundo punto que citaba antes, el que va a sustituir y enterrar a estrellas como Cristiano, Messi o el brasileño rodante.

Sí, para esos periodistas ávidos de izar jugadores a pedestales con pies de dudosa firmeza, puede ser el campeonato que consagre a MBappé, Griezmann, Kane, Hazard o Modric (a este último lo pongo porque es del equipo de los gacetilleros a los que me refiero, no por otra cosa). Sin embargo, la verdadera estrella está siendo el colectivo. Ver jugar a Francia, Bélgica o Inglaterra es presenciar una máquina casi perfecta en cuanto a coordinación, solidaridad y prevalencia del equipo por encima de todas las cosas. Por supuesto que tiene que haber jugadores decisivos, que la metan dentro, pero el equipo es el equipo. Así han llegado estos cuatro, y así ha destacado un quinto equipo, el uruguayo, también admirable por su espíritu. Ahora que se encuentra abierta la ventana de verano para fichajes en los clubs, ahora que todos discutimos si hay que fichar a tal o cual jugador, deberíamos pensar si el principal esfuerzo que hay que hacer es el de tener un entrenador de verdad. En el Sevilla, por ejemplo, lo sufrimos hasta por dos veces en la temporada anterior.

Porque lo colectivo tiene que ver con el entrenador. En un deporte como el fútbol, tan tatuado de egos, no es fácil que futbolistas endiosados en sus ligas acaten que prevalezca el nosotros sobre el yo. Por eso era tan difícil que Portugal llegara lejos, y por eso han llegado los semifinalistas, y si le llega a tocar otro cuadro, lo hubiera logrado Uruguay, sobresaliente ejemplo del espíritu colectivo. Entrenadores como Tabárez, Deschamps, Roberto Martínez o Southgate han demostrado saber manejar a sus jugadores y que se sientan parte de un equipo. Y de este modo, haciendo equipo, de forma casi simultánea, se logra también el tercer aspecto, el de la fortaleza moral.

Si algo ha derrotado a Messi, Ronaldo o Neymar ha sido la ansiedad, la urgencia de coronar sus carreras con el único título que no le pueden fabricar los tramposos dineros de muchas ligas como la española, tan desigualmente repartidos para evitar que la competición la disputen otros que no sean papá y mamá. ¿Qué quedó del equipo español tras la espantada de Lopetegui? Fútbol de mentira. ¿Cuál fue la reacción argentina tras no lograr vencer al equipo de una nación de poco más de trescientos mil habitantes? Que su delantero estrella era un hijo de setenta mil millones de putas. ¿Cómo pudo perder Alemania frente a una Corea que no se jugaba nada? La fragilidad moral de muchas selecciones no es sino el reflejo de la que existe en nuestra sociedad. Había equipos cogidos con alfileres y el andamiaje se les vino abajo a las primeras de cambio. Pero otros, no.

¿Cuál debería haber sido la ansiedad de Inglaterra, la inventora del fútbol, que lleva sin comerse un rosco cincuenta y dos años, que no llega a una semifinal desde hace veintiocho? Sin embargo, nada de eso ha sucedido. Cada paso adelante en su trayectoria ha sido recibido con alegría. Incluso su única derrota se celebró en un país tan pragmático, a sabiendas de que lo colocaba en el cuadro más fácil. Football is coming home, dicen con alegría, y puede ser que acabe siendo verdad. La fortaleza moral los ha llevado hasta semifinales y a punto ha estado de dejar fuera a Croacia, y si no ha sido así lo fue porque el equipo que tenía en frente, el que derrotó a España, era el setenta en la clasificación FIFA.

Si algo aprenderemos de este Mundial es que, a diferencia de la lamentable situación política que vivimos en el globo terráqueo, el fútbol se ha democratizado y colectivizado, se ha globalizado de la única forma sana posible, generando igualdad, y demostrando que el único futuro real, en el fútbol o en la vida, no depende de astros ni de líderes, sino de que cada uno de los jugadores, y de nosotros, tomemos las riendas de nuestro destino y cumplamos con la misión que a cada uno nos toca. Una vez más, el fútbol nos muestra el camino a seguir. Y todavía hay quien piensa que es el opio del pueblo.

Escritor nacido en Sevilla. Ha publicado tres novelas, una de las cuales, “Tres mil viajes al sur”, ha sido finalista del Premio Ateneo de Sevilla. Ha participado y coordinado la antología de relatos “El derbi final”

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