Casi me da un Lopetegui y me caigo redondo al suelo cuando escuché al entrenador de ocho apellidos vascos decir que el Sevilla es el mejor equipo de la ciudad. Es por esto que he querido escribirle estas palabras.

Señor Lopetegui, que lo hubiera dicho el nuevo fichaje brasileño con casi nombre de cantante paisano (espero que no cante en el césped, y que si canta se limite a hacerlo bajo la ducha), o que fuera a ser esta la primera declaración cualquiera de los cientos de fichajes que van a venir, tendría un pase. Pero, la verdad, cuando lo que oigo de una boquita como la suya, la del que va a dirigir el banquillo, es un manido lugar común, me molesta. Seguro que más que a los béticos. Me molesta tela, además, porque en lugar de parecerme un halago lo que creo es que de nuevo nos toman a los sevillistas, a los sevillanos más bien, por tontos. Lo único que le hubiera faltado a usted hubiera sido vestirse de torero, decir miarma o haberse hecho hermano de la Lanzada (por vestir de blanco y rojo, no por otra cosa).

Sinceramente, me ha parecido un tipo poco espabilado. Igual que cuando fichó por el Real Madrid. Ni fue el primero ni será el último en irse de una selección para incorporarse a un equipo, la torpeza fueron las formas. Es legítimo querer mejorar, y creer que mejorar es irse al Real Madrid. No creo que fuera una traición su marcha, pero sí la forma en la que lo gestionó. Y cuando se ficha a alguien para gestionar personas, a uno le preocupa.

Recordar lo obvio no halaga a quien se pretende adular sino que, en todo caso, ofende. Ofende a quien es señalado, y también molesta a gente como yo porque creo que me están tomando por imbécil. Vaya en su descargo el hecho de venir de un equipo de la capital que, y en esto le tomo prestada la sentencia al gran Martín Lucía, tiene seguidores y no aficionados; vaya en su descargo también que al no tener ocho apellidos andaluces (¿los hay?) le cueste trabajo entender lo que es la guasa sevillana, una forma de entendernos en esta ciudad en la que esa forma de humor tan elegante llamada ironía es la base y la clave de todo. Con el límite de la ofensa, claro está, porque tenemos amigos, hermanos y amores con rayas en la camiseta.

Soy sevillista, y para encontrar un bético en mi familia hay que llegar a combinar varios apellidos. Ni en mi rama ascendente ni en la descendente hay sangre verde, todo lo más en algunas ramillas o ramajos. Pero soy palangana por pura casualidad, porque mi padre lo era e inculcó en mí el amor a nuestros colores, porque me alegré con sus victorias y, sobre todo, porque es en esos momentos cuando ya no es posible cambiar, cuando lo vi perder, caer derrotado, descender al infierno. Y esto lo puede contar cualquier bético de su equipo con la misma legitimidad que yo, exponer los mismos argumentos que yo, y que se niegue a cambiarnos ninguna UEFA por uno de sus Colombinos o Carranzas. Así que yo le pediría al nuevo entrenador, respeto para nuestro vecino. Porque respetarlo a él también es respetarnos a nosotros, darnos a los que vamos a pagar su sueldo porque pagamos entradas, carnets de socios, el pay-per-view y porque nos dejamos una pasta, hasta la que no tenemos, en la tienda del equipo. ¿Capicci? Pues eso.

Dicho esto, me queda poco que decir. Si acaso, que el Sevilla no es el mejor equipo de la ciudad ni el mejor equipo andaluz, como reza una letra de las canciones de los Biris, ya gracias a los triunfos de los últimos años. El Sevilla es un equipo grande en Europa, que es lo mismo que decir grande en el mundo, así que no me achique usted el mundo, señor Lopetegui Argote Aranguren Arteaga Eizmendi Kalparsoro Usabiaga Ugartemendía, ni le ponga frontera en Bellavista. Y que si quería decir algo por decir, podría haber dicho que aspira a ser un digno entrenador de una etapa prodigiosa como la que hemos vivido, que sueña con emular a Juande Ramos o a Emery y a tener la honradez del Manolo Cardo que le saludó en la presentación.

No pasa nada, tampoco es para tanto. Pero ojito. Todos estamos deseando que triunfe con nuestro equipo, que encontremos al excelente entrenador de la selección y no al que dejó noveno al Real Madrid. Y para ello será importante que Monchi haga buenos fichajes, que usted entrene bien, que tenga suerte y nosotros paciencia. Y también que nos entienda. Porque hay vida inteligente más allá de la capital del Reino. Se lo puedo asegurar.

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