El giro de Italia

El giro de Italia

A por los ansiados cuartos en el Teatro de los Sueños
Montella: “Esta noche es lo que habíamos soñado cuando firmamos con el Sevilla”
Amadou: “En el Sevilla se juega muy bien al fútbol”

Que no, que no voy a hablar de la carrera ciclista que acaba de ganar Chris Froome. Cómo voy a hacerlo si ni Jul ni Gan ni un servidor entendemos una papa de ese deporte, ni de por qué son tan lentos para saber si un corredor se ha dopado o no. Además, esta revista es de fútbol, y sobre el Sevilla, por lo que lo que haya hecho o dejado de hacer el deportista británico con el Ventolin (a la sazón, singular del estadio de fútbol del Pilas) nos la repampinfla. De lo que sí que quiero escribir es del vuelco radical en la política deportiva del Sevilla desde que don Vicenzo “El Abrasador” (conocido así por su inigualable capacidad de chamuscar futbolistas, ya sea en lo físico o en lo mental) abandonó en buena hora el barrio de Nervión y se tuvo que ir con sus pizzas a otra parte.

Más allá de que llegara don Joaquín y nos clasificara para Europa… y que estuviera a un golito de nada de cerrarle la boca a nuestro vecino de planta (y a muchos de sus compañeros de trabajo, de estudio, vecinos y demás, queridos lectores), el cambio ha resultado ser una vuelta a los orígenes, allí donde nació todo. El equipo ha regresado como el hijo pródigo, y nosotros, los aficionados, los padres del club, no se olvide, puesto que sin nosotros nada tiene sentido, lo hemos acogido sin decir nada, sin preguntar nada. Y tan felices estamos que hemos olvidado lo sucedido y nos vamos a sacar de nuevo el carnet.

Todos los equipos movilizan los sentimientos de sus aficionados, pero en algunos lo es todo, o casi todo, y en otros es muy poco, porque dependen más del talonario (qué palabra más antigua, por cierto, si ya ni existen los talones). Todo debe tener la justa proporción para alcanzar los objetivos, pero sin sentimientos nada es posible. Y a nosotros nos falló la esencia en esta temporada y a punto hemos estado de pagarlo muy caro. De hecho, algo nos ha costado. O mucho, de acuerdo a las expectativas que traíamos. Un equipo sin alma no es nada por mucho dinero que tenga, y a nosotros nos la robaron.

Pero en esto que bajó Joaquín, cual Fidel desde su Sierra Maestra particular, y nos la devolvió. Y no solo nos devolvió el alma, sino que nos ha hecho ver cuál fue la raíz de todo. La raíz fue Monchi. No fue ningún jugador ni técnico alguno, ni siquiera un presidente. Fue Monchi. Muchos jugadores triunfaron, fueron fundamentales, luego se fueron, y no pasó nada. De los entrenadores podemos decir algo parecido, y los presidentes. De hecho, en casa nos preguntamos si el nuestro existe o es un holograma made in Utrera. A todos les enseñó a amar nuestra camiseta, al menos mientras tuvieron contrato en vigor.

El giro de Italia ha sido comprobar que sin sevillismo por vía intravenosa, nada somos. Hace un año que se nos fue el enfermero que administraba la dosis adecuada y no ha sido hasta que ha vuelto otro cuando nos hemos recuperado de la anemia que nos ha provocado ese lento desangrar que ha sido esta temporada.

El sevillismo volvió a invadir las estructuras, y esperemos que sea para siempre. Pronto estará el señor Machín dirigiendo al equipo. Me puedo imaginar las conversaciones que ha tenido con nuestro veterano enfermero. Habrá tenido que ir a un otorrino en Girona para tratarse las orejas, a un dermatólogo para calmarle la irritación. Ojalá lo haya entendido y ojalá lo entiendan todos los que tengan que venir. Aquí ya se ha acabado el ballet. Y lo que tenga que venir, que venga, que aquí estamos. Hasta el gorro de espaguetis y de tango.

Escritor nacido en Sevilla. Ha publicado tres novelas, una de las cuales, “Tres mil viajes al sur”, ha sido finalista del Premio Ateneo de Sevilla. Ha participado y coordinado la antología de relatos “El derbi final”

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