Si hay algo que está marcando al Sevilla en este inicio de temporada es la falta de actitud. Una pasividad preocupante en ciertos tramos del partido. Muchos entrenadores se abonan a la famosa cita: »pueden ganarnos en calidad pero nunca en actitud», pero el Sevilla parece haber olvidado este aspecto. Y es que es algo que achaca en la mayoría de los partidos.

Los nervionenses han pasado de ser un equipo aguerrido y luchador a un bloque con calidad y jugadores desequilibrantes en los últimos años. Gran parte de lo que es se debe al logro de un gran número de títulos y un crecimiento económico. Porque al fin y al cabo, son estos los futbolistas que acaban determinando un partido. Pero no hay que olvidar a aquellos que no brillan en el campo por su magia, sino por su valentía y arrojo. Estos jugadores son quienes ganan campeonatos y hazañas importantes y para más, su función traspasa la línea de cal. Y esta temporada, la balanza ha terminado decantándose por las estrellas.

El gran fallo

Básicamente el error se encuentra en no tener un Iborra en el equipo después de traspasarlo al Leicester City. El valenciano tenía un papel más que importante dentro de la plantilla. Más allá de sus minutos de juego, su importancia llegaba hasta el vestuario y fuera de la entidad nervionense. Un referente para los recién llegados y un motivador nato. Vicente Iborra sabía cuando había que dejar la calidad a un lado y pasar a jugar con amor propio (véase el último derbi). Era un jugador diferente a la par que común. Nunca brilló por sus pases o goles mágicos pero sí por representar la casta y el coraje. Y lo más difícil de todo, su ausencia era más notoria que su presencia. 

Sin líder

A día de hoy, el Sevilla carece de una voz cantante en el vestuario, con peso en el equipo. Tanto Nico Pareja como Daniel Carriço no llevan ese ADN en sus venas y en temporadas anteriores, Coke, Reyes o Iborra le ganaron la partida en este aspecto. La escasa agresividad rojiblanca se plasma en que Ben Yedder ha sido el único en ver cartulina amarilla en los últimos partidos (vs. Spartak de Moscú) y fue por protestar.

Todo se resume en que el Sevilla posee muchos vasos sanguíneos y poca sangre para distribuir. A veces en el fútbol no es todo estilo y jugadas de ensueño.

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