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El fútbol puede cambiar el mundo

Dice Fernando Pessoa que el arte consiste en hacer sentir a los demás lo que nosotros sentimos, en liberarlos de ellos mismos proponiéndoles nuestra personalidad como una especial liberación; en un proceso de comunicación a otros de nuestra identidad íntima con ellos. Cuando leí esta definición del genial escritor portugués no pude sino establecer paralelismos con el fútbol, con la comunión íntima entre futbolistas y aficionados de un equipo. Digo bien y aclaro, de un equipo, de un club, porque la comunión con el combinado nacional, y escribo esto en pleno parón de selecciones, tiene otras connotaciones sociológicas y políticas que no tienen que ver con el arte, sin que por ello deba ser innoble, y que varía mucho en función de las características del país al que nos refiramos.

No me cabe duda que esa comunicación íntima y esa explosión de los sentidos ante el virtuosismo, individual o colectivo, de los que visten la camiseta que a todos nos inocula nuestras señas de identidad, es arte, mucho más allá de las habilidades que cada miembro del colectivo pueda tener a la hora de manejar un balón. Porque el fútbol transmite y colectiviza emociones que se envían del césped a las gradas unas veces, y otras al revés, y contiene un potente principio de incertidumbre por el que, después de una preparación técnica, física y táctica tan globalizada en sus formas, son las emociones, en cuanto capacidad de gestionar los varapalos y la euforia, la suerte, las que pueden hacer posible lo que parecía que no lo era. ¿Cuántos títulos hubiéramos ganado en estos años de no haberse dado esa comunión de emociones que inundaba cada metro cuadrado del estadio en el que jugara nuestro equipo y miles de gargantas cumplieran su papel?

Sí, no tengo dudas de que el fútbol es arte, y también solidaridad. Porque un equipo no es posible sin la participación colectiva, sin la confianza en el otro que juega a nuestro lado, que debe cumplir un papel que nosotros no podemos realizar, pero que a la vez confía en que nosotros hagamos lo que nos corresponde. El éxito de un club como el Ajax de la pasada campaña es el mejor ejemplo posible, y no es extraño que una entidad ejemplar como la holandesa incardine esos valores. Llama la atención que en un deporte de tanto éxito, con unos valores solidarios y colectivos tan potentes, no sirva de ejemplo de construcción colectiva del futuro del ser humano, estando como está el mundo herido de muerte víctima del individualismo, el egoísmo y la insolidaridad.

Atentos a estos valores que ofrece el fútbol, un grupo de escritores y artistas amantes de nuestro deporte y nuestro equipo, decidimos formar una nueva peña sevillista en torno a dos pilares esenciales que encontramos en el balompié: el arte, en su sentido más antropológico, y la solidaridad como punto de partida para la salvación del mundo. Y qué mejor que bautizarla con el nombre de un futbolista querido por todos, entrañable, nuestro héroe de Basilea, que encarna esos valores que admiramos y que aspiramos, como diría Kant, a que se establezcan como norma universal: Coke Andújar.

Coke, cuyos goles al Liverpool, nos valieron la quinta Europa League, simboliza como nadie el valor del entusiasmo, la capacidad de levantarse de la lona (recuerden la primera parte de aquella final) para resurgir y generar esa emoción colectiva en un grupo que fue capaz de derrotar a un equipo que hoy es el rey de Europa.

Si ya como futbolista, Coke Andújar forma parte con todos los honores de las páginas más bellas de nuestro club, ha demostrado que sus inquietudes artísticas han ido mucho más lejos, produciendo y apoyando al teatro, otra de sus grandes pasiones, que cultivó en Sevilla en los cursos a los que asistía en la librería El gato en bicicleta. Una faceta sin duda meritoria, y también singular, por no ser muy común entre los jugadores de fútbol y que, con ser grande, empequeñece ante sus cualidades humanas y de sostén al fútbol en países en vías de desarrollo.

De la mano de la peña que lleva su nombre, Coke ha encontrado apoyo en sus patrocinadores, amigos y, por supuesto, en el Sevilla, para fundar unas escuelas de fútbol para niños y niñas en Senegal en las que quienes participan no solo practican nuestro querido deporte en equipos en los que no hay distinción de sexos a la hora de formar parte, sino que estudian, se forman y aprenden valores fundamentales como la igualdad.

Esta peña ha nacido para animar al Sevilla, para difundir los valores esenciales del fútbol que hoy tantos están interesados en ocultar, y para apoyar el arte como plenitud humana y la solidaridad e igualdad como palancas para crear un mundo nuevo. Fines que se escapan de nuestras capacidades individuales, pero que podemos hacer posibles si confiamos el uno en el otro. ¿No es esto lo que nos enseña el fútbol?

Reserva el día 12 de octubre a las 12 para conocernos. Si quieres formar parte del proyecto, escribe a pscokeandujar@gmail.com

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