El coliseo sevillista eligió a su gladiador

El coliseo sevillista eligió a su gladiador

Las diferentes reacciones de la afición con la entrada de los dos delanteros dejaron claro cuál es la preferencia de los sevillistas.

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En la Antigua Roma, las multitudes asistentes a las luchas de gladiadores mostraban su predilección por uno u otro contendiente poniendo su pulgar hacia arriba o hacia abajo. El César, luego, dictaminaba con su voto quién debía ser el vencedor de la contienda. Sin pulgares, pero con ovaciones y pitos, emularon ayer en el Sánchez Pizjuán una lucha de gladiadores indirecta de la que ya hay vencedor. Uno de los debates abiertos en torno a los de Machín ha sido la permanencia de uno de los dos delanteros, Ben Yedder o Luis Muriel. Ambos dos sonaron como posibles salidas, si bien es verdad que el colombiano con más fuerza que el francotunecino. Por si acaso quedaba alguna duda, el Sánchez-Pizjuán dio ayer su veredicto.

“Todos queremos que marque Ben Yedder”

Entrado el minuto sesenta y cinco de la segunda parte, el cuarto árbitro anunciaba un cambio augurado, sobre todo teniendo en cuenta el resultado del encuentro y un derbi de máxima exigencia en cuestión de 72 horas. André Silva abandonó el terreno de juego y en su lugar entró Wissam Ben Yedder. Fue entonces cuando la afición brindó una ovación atronadora a la entrada del delantero galo y a ella le siguió, entre palmas,  todo el estadio entonando al unísono aquello de “Todos queremos que marque Ben Yedder, ¡Oh, Ben Yedder!”.

Dicho y hecho. Apenas habían pasado diez minutos desde su incorporación, cuando el jugador acertó a meter la bola dentro de las mallas, anotando así el tercer tanto de los rojiblancos ante el Sigma Olomuc. Todo el estadio vibró con el gol y de nuevo volvió a resonar el ya mencionado cántico. Ben Yedder, obediente a lo que le demandaba la grada, volvió a marcar en el minuto 92, solo que esta vez el árbitro lo invalidó.

Muriel, la cruz

Todo lo contrario ocurrió cuando Franco “El Mudo” Vázquez, con la grada en pie y entre aplausos, era sustituido por Luis Muriel. Su entrada convirtió el clamor del estadio en un puro guirigay de silbidos y abucheos, acompañado por algunas tímidas palmas. Para más inri, la actuación de Muriel fue lo suficientemente discreta como para no provocar ninguna reacción más en el público, ni siquiera negativa. Y es que sus minutos en el campo no hicieron más que ratificar que el cafetero debe elegir otro destino y, por si no estaba ya bastante claro, ayer en Nervión, el sevillismo dictó sentencia.





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