Decimoséptima

Decimoséptima

Los puestos Champions
El retorno del alma
Odio a los hinchas

Sí, diecisiete finales en los últimos doce años. Hemos llegado a otra, esta vez en la Copa del Rey, y quién sabe si la de la Champions no espera. ¿Muy optimista, exceso de euforia? Sin duda. Puede que además, ayuno de realismo, como algunos aficionados de nuestros reales vecinos, que en cuanto ganan dos partidos hacen un mundo de estadísticas y probabilidades con las emanaciones de la chimenea.

Es cierto que nadie nos ha regalado nada para acceder a una nueva final, pero no lo es menos que tampoco nos ha salido muy cara. Salvo el Atlético de Madrid, doble triunfo de gran mérito, subidón de moral en el momento menos esperado, cuando más lo necesitábamos, los rivales no han tenido mucha entidad, hay que reconocerlo. Esto no debe impedirnos disfrutarla pero tampoco ocultar los errores de un año complicado, inesperadamente complicado cuando la inversión en el equipo no ha solo ha sido la más alta cuantitativamente hablando, sino también la más arriesgada, puesto que ha hecho que la media de edad de la plantilla haya envejecido de modo sustancial y que el cuadre de los números vaya a ser más difícil si no nos clasificamos para la Champions, algo bastante probable, y si la revalorización económica de jugadores para un posible traspaso es complicada.

No quiero aguarle la fiesta a nadie, pero tampoco que una gestión por parte de la Dirección Deportiva y los dirigentes un tanto deficiente la tape una final en la que las eliminatorias las hemos disputado con Cartagena, Cádiz o Leganés, además de con el equipo colchonero.

Desconozco lo que nos deparará lo que resta de temporada. El cambio de entrenador ha dado frutos positivos, porque el equipo ha recuperado el carácter perdido y el patrón de juego que ha llevado al Sevilla a los éxitos de estos años, pero hay lesiones musculares, fruto de la carga de partidos de algunos jugadores, y fruto de las escasas rotaciones, en las que hemos dado un bandazo del todo al nada. A las bajas de Kjaer, Banega y Muriel no se les puede tachar de casuales, como sí se podría hacer con la de Nolito, o probables, en relación a Pareja o a Carriço. Y la gestión del grupo, en el que no juegan ni un minuto un número importante de jugadores, me alarma. Porque hay gente que no está enchufada, como el preocupante caso de nuestro máximo goleador Ben Yedder, doce goles hasta que salió del equipo sin llegar al ecuador de la temporada, y de otros, que saben que para jugar ha de ocurrir un milagro.

Me preocupa Montella, no tanto en relación a cómo plantea los partidos como en la gestión de la plantilla. Está claro que no es la que él hubiera querido, que estaba hecha para otro entrenador y para otro patrón de juego, pero el domingo se notó el plomo en las botas de los jugadores, un plomo evitable con los descansos necesarios tal y como son las temporadas desde que la televisión ha metido la cuña de esta forma en el fútbol,  y en la grada, no se olvide, vamos a tener esta semana no menos de cuatro futbolistas lesionados. Montella es muy conservador a la hora de alinear y también lo es en la de los cambios. No es que no confíe en la plantilla, lo que parece es que solo lo hace con los once que salen y que, salvo que ocurra algo grave, no se van a cambiar en ochenta minutos.

Ojalá ganemos la Copa del Rey, eliminemos al Manchester (en esa eliminatoria el Leganés somos nosotros) y cacemos al Valencia. Coño, por pedir, que hasta el Sevilla Atlético salga del pozo y Tevenet aprenda a ser entrenador. Todo está difícil, pero si lo conseguimos, no me cabe duda de que este artículo me lo tendré que meter por cierto sitio con la inestimable ayuda de Hemoal. Pero si no, lo que ocurre tiene responsables y los nombres y cargos están ahí arriba. Dele al cursor.

Escritor nacido en Sevilla. Ha publicado tres novelas, una de las cuales, “Tres mil viajes al sur”, ha sido finalista del Premio Ateneo de Sevilla. Ha participado y coordinado la antología de relatos “El derbi final”

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