La falta de autocrítica en el club esta temporada enfada aún más a una afición que ve como la plantilla más cara de la historia del Sevilla FC puede quedarse con las manos vacías. Luchar por entrar en Europa League es la última baza a la que puede agarrarse el equipo sevillista. Si así fuera, las sensaciones que deja la campaña son las peores de los últimos cinco años.

Alcanzar esa ansiada plaza de Europa League para los dirigentes del club sería haber hecho una buena temporada. Los resultados serían haber alcanzado una final de Copa del Rey y volver a estar en competiciones europeas una temporada más. Sin embargo, este conformismo de resolver la temporada y catalogarla como «buena» tras las malas sensaciones del juego en el campo, no hace más que enfadar al aficionado sevillista.

¿Dicen que nunca se rinde?

Un Sevilla que viene de alcanzar por tercer año consecutivo la Liga de Campeones ha bajado notablemente su nivel y la resignación se apodera del “Dicen que nunca se rinde”. Ese espíritu que ha caracterizado al Sevilla en el Siglo XXI se desvanece en el vestuario y los despachos. La exigencia de no dar nada por perdido y luchar hasta el final no se vio en la final de Copa del Rey, ni en toda la temporada. Las numerosas goleadas recibidas por los de Nervión arruinan el orgullo y la casta, valores que siempre han caracterizado a los sevillistas.

Volver a la senda

Si hay algo que ha caracterizado al Sevilla de los títulos es la exigencia y no cerrarse puertas a nada y esto le ha llevado a ser lo que es hoy. Sin embargo, el espíritu de esta temporada ha sido justamente lo contrario. La marcha de jugadores claves en el vestuario o la salida de Monchi no han hecho más que dejar de lado esa actitud. Volver a recuperar esos valores será la clave para que la próxima temporada el orgullo vuelva a Nervión y que esta traiga consigo de nuevo al Sevilla campeón de los últimos años.

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