Hubo casta y coraje, pero faltó pegada

Hubo casta y coraje, pero faltó pegada

El Sevilla se despidió de la Champions con la cabeza alta, tras un empate a cero en Múnich.

 

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“¡Sevilla, Sevilla, Sevilla! El equipo de la casta y el coraje”. Así reza el inicio del antiguo himno del Sevilla. Un lema que define el ADN de este equipo, igual que el “Dicen que nunca se rinde” del himno del Arrebato. Y seguramente, en pocos partidos el conjunto de Nervión demostró más casta y coraje ni se rindió hasta el pitido final del árbitro que ayer, en el Allianz Arena. Pero, además de eso, para ganar al Bayern de Múnich, se necesita gol y el Sevilla mostró poca malicia en el área rival.

Seguramente el tiempo se encargará de analizar con mayor exactitud lo que ha hecho el Sevilla en esta edición de la Champions League y el mérito de haberse enfrentado al Liverpool en la fase de grupos, uno de los semifinalistas, haber eliminado al Manchester United y haber competido cara a cara con el Bayern de Múnich.

El Sevilla viajó a la capital de Baviera siendo consciente de la dificultad de la empresa. No solo por el resultado obtenido en la ida sino, también por otros componentes como que el Bayern de Múnich estaba invicto en su estadio, en donde solo había cedido dos empates, o que el equipo de Jupp Heynckes es una auténtica apisonadora en casa. Pero los hispalenses sabían que no tenían nada que perder y sí mucho que ganar. Además, 24 horas antes y, contra todo pronóstico, el Barcelona capituló en Roma. ¿Por qué no iba a ocurrir lo mismo con el equipo de la Hispalis que dio a Roma tres emperadores?

Dio la cara

Si había algo que le exigía la afición al equipo era que compitiera y diera la cara. Que se dejara el alma por esa camiseta y ese escudo. Y lo hizo. Poco, por no decir nada, se le puede reprochar a los jugadores en ese sentido. El Sevilla no se amedrentó por el escenario, el impresionante estadio Allianz Arena lleno al completo, ni por el rival que tenía enfrente y salió al campo a jugar al fútbol. A hacer su partido, intentar tener la pelota el mayor tiempo posible, sin estresarse por el resultado, manteniendo la compostura y aprovechar sus ocasiones.

Solidez defensiva

El aspecto más positivo del Sevilla en el Allianz Arena fue la seguridad y la solidez que demostró en defensa. Frente a un rival que atacaba por todos lados con Robben, Ribéry, Müller, James y Lewandowski, la zaga hispalense estuvo impecable, no solo los cuatro del fondo, sino el equipo en general. Mercado y Lenglet consiguieron que Lewandowski apenas apareciera en toda la eliminatoria. Ribéry no consiguió marcharse nunca de Jesús Navas, mientras que Escudero mantuvo el tipo ante Robben.

Todo el equipo estuvo brillante en labores defensivas, hasta el punto de anular la enorme pegada del Bayern de Múnich, tapando cualquier opción de disparo de la segunda línea. Y cuando alguno consiguió sortear la muralla sevillista y disparar a puerta, como ocurrió en alguna ocasión a través de Robben, Ribéry, Hummels o James, David Soria logró repeler el peligro con varias intervenciones de gran nivel.

Duelo de bandas

El partido estuvo marcado por la igualdad en el centro del campo entre ambos equipos. Hubo fases en las que dominó el triángulo sevillista formado por N’Zonzi, Banega y ‘Mudo’ Vázquez. Otras veces se impuso el trío alemán, con un gran Javi Martínez, James y Müller en la media punta. Esta igualdad en el centro del campo hizo que ambos equipos buscaran las bandas para hacer daño, algo que consiguió más el Bayern de Múnich, con Robben y Ribéry como principales amenazas, percutiendo una y otra vez por los lados.

El Sevilla buscó también las alas, pero Sarabia y Correa estuvieron menos incisivos, especialmente, el argentino, que intentaba sorprender por dentro y dejar toda la banda a Escudero, que se las tenía que ver con Kimmich. Por el otro costado, Jesús Navas se animó al ataque en varias ocasiones en el primer tiempo, pero estuvo más cauto en la segunda parte, más pendiente de los posibles envites de Ribéry.

Sin pegada

El Sevilla estuvo brillante en un área, la suya, y logró algo que casi nadie ha hecho esta temporada: no encajar ni un solo gol en el Allianz Arena. Solo el Hertha de Berlín puede decir lo mismo esta temporada. Pero le faltó malicia en el área rival. Disfrutó de algunas ocasiones pero sin excesivo peligro y ninguno de los diez disparos que perpetró fueron entre los tres palos. Para colmo, el remate con más peligro se estrelló en el larguero, cuando Correa conectó de cabeza un saque de falta de Banega escorado a la banda derecha.

El gol está siendo la pena capital del Sevilla esta temporada y anoche lo volvió a demostrar. No solo el gol, sino la producción ofensiva en general. En cuanto pasaba de medio campo, el equipo se mostraba poco incisivo, como con miedo a llegar a portería y apenas inquietó a Ulreich. La entrada de Muriel, Sandro y Nolito no mejoraron al equipo en ataque, mientras que Heynckes optó por reforzar el centro del campo con Thiago y la defensa con Süle.

Adiós con honor

El Sevilla se despidió de la Champions League como solo hacen los campeones, a lo grande, con honor, dignidad y con la cabeza bien alta. Y también con el sabor agrio de los dos goles en propia puerta en el Ramón Sánchez-Pizjuán. Qué hubiera ocurrido sin esos dos goles forma ya parte de la ficción, pero lo que nadie puede negar es el extraordinario papel del cuadro hispalense en la máxima competición continental, ante rivales de la máxima exigencia. Para los libros de historia y, sobre todo, para la memoria sevillista quedará siempre la victoria en Old Trafford y el haber plantado cara a todo un Bayern de Múnich.

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