Pues no, Caparrós no murió el sábado por la noche como algunos bestias predijeron, o desearon, desde las gradas heliopolitanas durante el derbi de las chicas. Me pregunto si el peaje que habrá que pagar por popularizar el fútbol femenino será llevar a las gradas a esos desalmados, delincuentes cobardes que se ocultan en la muchedumbre, porque no actúan si no es bajo su cobijo o el de la traición, a esos fascistas de diferente signo que pudren las gradas de los estadios de fútbol y a los que desgraciadamente no son ajenos clubs de élite algunos para desgracia de todos. Qué oculto queda el gesto que rescató nuestra Sara Portillo en Twitter, el de la sevillista Maite Albarrán dando ánimos y preocupándose por su contrincante, la bética Bea Parras, tras su expulsión en el derbi femenino por doble tarjeta amarilla. A veces, cuando intentamos construir algo lo hacemos al revés de cómo se necesitaría, y, como en el caso que nos ocupa, en vez de inundar el fútbol masculino de los valores que encarna el femenino, empocilgamos este de violencia.

Caparrós vive, y su espíritu se manifestó a lo largo de los noventa y seis minutos que duró el derbi masculino. Con ningún entrenador como con él aflora la casta y coraje, el dicen que nunca se rinde, aunque con ninguno como con él salen a relucir las carencias de un equipo que se conformó bajo su planificación.

Los béticos, como es normal, se lamentarán de las ocasiones perdidas a lo largo del partido, de las que podrían haber metido y no convirtieron, pero en cada ocasión se manifiestan las capacidades de unos y otros, de la habilidad de unos, de la pericia de otros para lograr los objetivos. Si el fútbol es un deporte de once contra once es porque, Perogrullo dixit, juegan once en cada equipo, de los que uno se encarga de guardar la portería con las manos, con los pies o con la parte de su cuerpo que pueda. Hablar de ocasiones falladas muchas veces no es más que poner excusas, porque si un chut sale fuera es porque no se ha ejecutado bien, y si una pelota la detiene el portero es porque el guardameta está precisamente para eso. Es la justicia de los perdedores, la de los que obvian hablar sobre el talento, la psique y la capacidad de quienes participan en las jugadas.

Dicho esto, que se generen ocasiones tiene que ver también con los planteamientos tácticos, que deben perseguir que el contrario goce de las menos posibles, además de crear, y sobre todo convertir, el máximo número de ellas a nuestro favor. Y creo que en los dos últimos partidos hemos sido muy efectivos ante la portería contraria y hemos concedido más de las deseables, en especial por las bandas, ante dos equipos con la pólvora mojada o con el talento bajo mínimos. Y esto no será siempre así. A pesar de los pocos goles que nos convirtieron, hay, al menos en mi opinión, una cierta sensación de inseguridad.

Pero no seré yo el aguafiestas de una noche que disfrutamos de una manera muy especial. Todos nos quedamos un buen rato en las gradas a celebrar una victoria que supo a gloria. Que supo así porque nos permitirá saludar a ciertos vecinos incómodos que agacharán la cabeza al vernos, o de repente atenderán a los mensajes recibidos en el móvil, porque podremos entrar en el bar y pedir el café con mucha guasa, porque nos permitirá amortizar la factura telefónica de datos reenviando memes (en especial de Hulio), vídeos (sobre todo de Hulio) y chistes (mayormente de Hulio) que pondrán en peligro nuestro tope de megas.

El sábado por la noche no murió Caparrós como predecían, o deseaban, algunos. Quizás sea lo contrario, y que el que esté en capilla sea Quique Setién, porque cada vez hay más aficionados de su equipo hartos de esa obsesión por tener el balón que no acaba de meterlos en la lucha por puestos europeos y que no traduce en puntos el enorme talento de un buen número de sus jugadores.

Ahora toca mirar hacia adelante. La próxima jornada será crucial. Quedan seis finales para alcanzar nuestros objetivos. El tema del café del martes en el bar tiene que ser el Getafe. Cuatro de los seis encuentros que nos restan serán con equipos de Madrid. Dicen que el fútbol es el mejor espejo que disponemos de la sociedad. De esta sociedad violenta en las gradas, de esta sociedad tan desigual como es el reparto económico de los beneficios del fútbol, y de esta sociedad tan centralista a pesar del estado de las autonomías. Mientras conseguimos cambiar el triple escenario, a final de mes podremos contribuir a ello con nuestro voto, me quedo con el impulso vital de Caparrós, de su lucha contagiosa, y con el gesto de Maite Albarrán. Hay que feminizar el fútbol. Hay que feminizar la vida.

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