Canteranos

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Nosotros éramos unos niños cuando vimos salir llorando del Sánchez Pizjuán a Enrique Montero. La pitada fue estruendosa, la desesperación de la hinchada ante el juego frío e inocuo de un niño de la cantera desató los ánimos de una afición que terminó por hartarse. El joven futbolista portuense se cubrió los ojos con la camiseta al ser sustituido y bajó las escaleras del vestuario en un camino sin retorno. Si hubiera sido ahora, las casas de apuestas no habrían pagado nada por su regreso, pero regresó. Y no solo lo hizo, sino que desde entonces todo cambió. A partir de aquel día, su cintura de junco quebró defensas e hizo las delicias de una afición que tuvo que guardarse los pitos en sus más íntimos orificios, y que quizás arrepentida por aquello, dejase de silbar a uno de los suyos… hasta ahora.

En una época como aquella, en la que ser internacional militando en un equipo como el Sevilla era algo casi milagroso, Enrique Montero lo fue, y si no llega a ser por aquella patada alevosa que le destrozó la rodilla y el porvenir, su carrera futbolística hubiera sido aún más brillante. No pudo jugar el Mundial de 1982 con España, e incluso el seleccionador español de entonces, José Emilio Santamaría, utilizó su lesión como excusa para justificar el fracaso de España en el campeonato.

También recordamos un equipo juvenil del Sevilla que ganó el campeonato de España frente a la histórica Quinta del Buitre madridista. Butragueño, Sanchís, Pardeza, Michel y Martín Vázquez triunfaron en el fútbol, mientras que entre los campeones solo Francisco Martín Alfaro llegó a ser un futbolista destacado. ¿Por qué?

Hay que reconocer que la cantera del Sevilla ha dado grandes futbolistas, que tres de ellos fueron campeones del mundo con España, pero no deja de ser preocupante que en los últimos años sus aportaciones al primer equipo hayan sido escasas y que grandes promesas de otros tiempos no llegaran a triunfar o dieran un menor resultado del que se esperaba.

¿Por qué en el Sevilla juegan tan pocos canteranos, cuando equipos con más ambiciones tienen a muchos en sus plantillas? No es solo el admirable ejemplo del Athletic de Bilbao, los mejores éxitos del Real Madrid o Barcelona también han contribuido a escribirlos futbolistas criados en sus ciudades deportivas. ¿Tienen otras aficiones más paciencia con sus niños? ¿Igual que se les forma en fútbol se les modela en la cantera el carácter para triunfar?

Ahora tenemos un caso que en casa nos ha hecho recordar el de Enrique Montero. Es el de Sergio Rico, un futbolista que juega en un puesto tan desagradecido como el de guardameta, con unas cualidades técnicas extraordinarias y al que la presión de la grada y su falta de confianza en sí mismo le están minando el futuro, hasta el punto de que parece cantado que tenga que marcharse a otro lugar para continuar su carrera.

No son pocos los que creen que quitarse de encima al portero de Montequinto sería bueno para todos. Nosotros, en cambio, hemos llegado a la conclusión de que nos puede perjudicar mucho. Y no porque no pueda venir un gran portero que disipe las dudas que hemos sufrido este año en la retaguardia, sino porque después de muchos años, la afición sevillista volvería a retomar aquella actitud que hizo salir entre lágrimas a Enrique Montero cuarenta años atrás. Y si la paciencia se agota con los nuestros, se lo pondremos muy difícil a los que sueñan en la carretera de Utrera con vestir algún día nuestra camiseta en Nervión.

El fútbol es un deporte que necesita preparación psicológica, además de física y técnica. La mentalidad ganadora, la capacidad de sobreponerse a desgracias y contrariedades, son esenciales en una práctica en la que los detalles pueden marcar tanto el desenlace de un partido, y pueden entrenarse.

Somos partidarios de que al igual que existen servicios médicos existan los psicológicos, para que los futbolistas que criamos den lo mejor de ellos mismos. Pero nosotros los aficionados debemos ser pacientes con los únicos que cuando besan nuestro escudo lo hacen sin condiciones…económicas. Y también lo tenemos que entrenar.

Texto ideado por Jul y Gan.

Negro: Manuel Machuca.





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