Los políticos creen que saben jugar al fútbol. Fíjate en las respectivas semejanzas. Aunque se recreen en un terreno totalmente diferente, parecen exhibir pases de diálogos deprimentes y acercamientos que lleven a posibles áreas de pactos. Pero para qué dar más rodeos. Sabemos que el panorama político no está jugando grandes temporadas. Y digo temporal, con la única intención de escribir en el campo del optimismo. Pero a decir verdad, las precarias tácticas de juego parecen traspasar toda una infinidad de temporadas. Se recrean en pases de diálogo que alcanzan cimas de porterías utópicas. No existe. No hay posibilidad de avance. La estrategia está bloqueada. Hasta hace una semanas continuaban con el “ahora te toca a ti y luego a mi”. Establecían preferencias según líneas de un caótico orden de juego. El silencio comenzaba a establecerse en una única portería, la que concierne a la formación de gobierno. No había nadie. La debilidad en pases de diálogo era protagonista. El desacuerdo, máximo rival que debía responder ante toda una grada de votos. Millones de votos, millones de ilusiones que, ansiosos, buscan un cambio en el sistema de juego. Un necesario cambio de táctica para tornar la dirección del país. No obstante, la deidad de los escaños reflejó una amplia mayoría que apuesta por seguir así. Proseguir así, sin cambio. Y aunque a muchos duela, poseen todo el derecho. Aplaudo la dignidad de votos y junta a ella, la libertad democrática.

Y ahora, en la actualidad, parece que estamos más cerca del área de pactos. Y como portero, seguimos encontrando un gran bloqueo. La abstención no pretende salir del banquillo, y las bases de cada equipo no van a cambiar ahora, en pleno partido. Antes de comenzar las jugadas, se advierte que una posible distorsión entre acuerdos es sinónimo de tarjeta roja. Expulsión. Otra táctica a la basura. ¿Saben nuestros políticos a lo que juegan? Y mientras tanto, toda una grada levanta aplausos de confusión. O pancartas de incertidumbre, si es que tienen fuerza. Porque el cansancio provoca que muchos aficionados abandonen el estadio. Se comienza a perder la ilusión por llegar a portería. Y ante todo esto, muchos se preguntan si existe portería. Si verdaderamente es posible marcar el gol del acuerdo, el gol de la formación de gobierno. Y a su lado, establecen como alternativa una nueva táctica: elecciones. Pretenden comenzar toda una temporada desde el principio. Pero aquí encontramos cierta utopía. Gran parte de la ciudadanía no está dispuesta a cambiar de equipo. Hay un comienzo de temporada irreversible. La presión de la grada nunca había sido tan impresionante.

¿Alguien sabe dónde está el balón? Se ha descuidado entre tácticas de juego. La perdición impera entre rivalidades, y no propuestas. Pero si hay algo que concierne a todos los equipos políticos, es la defensa en la dignidad de votos. Esperemos que estos no alcancen la expulsión de la temporada. Y es difícil. El desacuerdo obtiene la victoria cuando aún se presencia en la mayoría de la alineación. Desde luego, las estrategias no han salido como esperaban y gracias al placer de las hemerotecas, capitanes de los equipos han ingerido sus propias palabras. Una vez más, la oratoria cae por su oportuno peso. ¿Qué hay de los árbitros? Han salido varios, ilusionados por intentar acabar un eterno partido. Y de nuevo, bloqueo. Pero la lucha por llegar a portería no se queda en el estadio. Existen más gradas que vigilan. Y una gran cantidad de inversores, esperan visualizar con nitidez el balón. Más vale, más allá de la situación económica de nuestra querida España, que lleguen a encontrar la estrategia del acuerdo. Una táctica, cuyo eje, sea la defensa de votos del ciudadano. Más vale.

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