"Jul y Gan" | La opinión de Manuel Machuca

La autoestima la define José Vicente Bonet como un conjunto de percepciones, evaluaciones, sentimientos y tendencias de comportamiento dirigidas hacia nosotros mismos, hacia nuestra manera de ser y hacia los rasgos de nuestro cuerpo y nuestro carácter. En resumen, es la forma en la que nos vemos a nosotros mismos. Esto, que lo podemos ver de una forma individual, también tendría una perspectiva en los colectivos.

En eso pensaba, y más o menos sobre eso discutimos mi vecino de columna Joaquín DHoldán y un servidor el pasado sábado en nuestro estadio, durante el Sevilla- Leganés, partido que presenciamos, disfrutamos y sufrimos juntos como buenos amigos que somos, desde dos años atrás según Facebook, bastante antes en el mundo real.

La autoestima ―la baja, claro está― debe de ser además una enfermedad contagiosa, porque con lo que se barruntaba en el céspHaled y fuera de él podríamos haber montado una fábrica de flanes que hubiera sido la envidia de Danone, Dhul, o Royal todas juntas.

Tengo la teoría de que es muy difícil ganar en el Sánchez Pizjuán ―crucemos los dedos para el importantísimo partido de mañana frente al Spartak― porque es un estadio en el que el público está muy cerca, que desde cualquier lugar se ve muy bien, y eso es por lo encima que estamos el público de los jugadores, porque nuestra presión se transmite. Que nosotros jugamos también, vaya. Y eso, que es magnífico para lo bueno, también se puede volver en contra para lo malo. Porque, quién nos diría que íbamos a salir de Nervión como si le hubiésemos ganado al Real Madrid, cuando en realidad lo habíamos hecho frente al equipo de uno de sus pueblos cercanos, que lleva nada más y nada menos que temporada y media en primera división.

Innumerables las ocasiones creadas, positivo, y falladas, negativo, y a pesar de eso, la sensación que se respiraba en el ambiente era de una inmensa fragilidad. Un equipo que no creó ninguna ocasión nos tuvo el alma en vilo hasta que el árbitro pitó el final. No habrá tantos fantasmas el día de Halloween como el sábado pasado en nuestra bombonera, que más que bombonera era un flan para salir en el Guiness.

El partido de Moscú nos mató. Recuerdo que cuando el partido iba 1-1 y no parábamos de crear ocasiones hubo una sustitución en el equipo local en la que el jugador que salía remoloneaba para perder el tiempo, porque daban por bueno ese empate que luego se convirtió en una derrota lamentable para nosotros. Pero eso es fútbol, esas cosas pueden pasar, y al igual que empatamos 2-2 con el Liverpool pudiendo haber recibido el saco moscovita, hubo errores que cavaron nuestra tumba porque nos desmoralizamos. No podemos ser tan frágiles de cabeza en un deporte en el que tanto peso tienen los detalles y las casualidades.

La autoestima tiene que ver con la confianza que tenemos en nosotros mismos, y hay que trabajarla en el vestuario, con líderes que den un puñetazo en la mesa y con entrenadores que corrijan lo que no funciona, y exploten lo mejor de lo que tiene a su disposición. La autoestima se consigue obteniendo buenos resultados o buscando los cambios necesarios para conseguirlos. No es un tren al que se le espera, sino uno que se escapa cuando no sabemos cómo subirnos a él.

Mañana es un día para demostrar si somos capaces de aprender de nuestros errores. Si no lo somos habrá que pensar qué hacer. Porque los errores se pagan muy caros en la vida, pero en esto del fútbol las cuentas se hacen en millones de euros.

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