Todos compartimos la sensación de haber perdido dos puntos en lugar de festejar haber ganado uno. Un muy buen síntoma. Este equipo ha logrado ilusionarnos y muchos, entre los que me incluyo, susurramos un sueño; el mejor de ellos: “podemos ganar la Liga”. Sería milagroso que lo logremos este año pero si coagulan algunos cambios, puede que lo veamos muy cerca. Una Liga que se define por un par de puntos hace más que significativo que se te escapen partidos así. Pero no seamos trágicos, los que ganan la Liga también se dejan puntos por el camino, pero nosotros sentimos que algo nos falta. ¿Qué será? Tengo una teoría.

Los billaristas suelen hacer una maniobra con el taco cuando les queda una bola imposible, pero el mejor jugador del mundo no sabe hacerla. Nunca le queda una bola imposible. Es tan bueno que tiene la jugada resuelta desde antes de cualquier complicación. Si alguno de ustedes juega o ha jugado al fútbol, conocerá la sensación de ser el nuevo; te la pasan mal un par de veces y a poco que no resuelvas con precisión, no la tocas  más, salvo que seas quien la saca. Si por el contrario, pasan los partidos y conoces las virtudes y carencias de tus compañeros (mejor incluso  las carencias) cada vez juegas mejor.

Unimos estos dos conceptos y tenemos la primera clave de estos apuntes: Nos falta precisión, la que da tener un equipo que juega junto desde hace mucho tiempo. Ni velocidad, ni fuerza, ni ganas. Y acá no me vengan con esa tontería que dicen en la televisión de la “ambición” (¿de verdad alguien cree que a un jugador no le gusta levantar copas?). Necesitamos puntería: en los pases, en los despejes, en los robos, en los córners, en las faltas y, ¡por supuesto!, en los tiros a puerta.

¿Ustedes creen que no hay una decisión política detrás de esto? Si que la hay. La pregunta que debe contestar el socio supone una renuncia a una de las “características” del Sevilla en los últimos años. Si queremos que este equipo gane la Liga, necesita precisión y para ello, jugar juntos por lo tanto un día (cercano), se deberá renunciar a la venta de un jugador (o varios)  que supongan un negocio millonario. ¿Qué prefieren los socios?. Y más complicado aún, ¿la directiva renunciará a hacer caja para mantener un  equipo que ilusiona y acaricia una copa?

Todos lo demás es fútbol. Los partidos se ganan, pierden o empatan. Orson Wells decía que hacía sus mejores películas cuando no tenía mucho presupuesto. Con lo que tenemos, podemos hacer una gran película. Apenas falta que los jugadores lo vean claro y seguro. Entonces Vitolo correrá por la banda y junto con el Mudo harán su principal función, dársela a Vietto para que la meta adentro (nadie extrañará a Gameiro, como nadie extrañó a Bacca, como nadie extrañó a Luis Fabiano). Pero hay que dársela a Vietto.

Cuando N’Zonzi y Nasri hagan bailar a los equipos rivales; Ben Yedder haga lo que mejor sabe y se la pase a Vietto o a Ganso… cuando Sampa lo ponga. Cuando Mariano pueda centrar de memoria, como Jesús Navas con Kanouté. Y cuando atrás (hasta la tribuna) se contagien de Escudero y Rami, a Sergio Rico se le enfurezca la cara y deje atrás ese gesto de preocupación, convencido de que ya está, que por allí no pasa ni el viento.

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