El pasado viernes fue un día de encuentros y saludos en la grada. Salvo excepciones, nuestros vecinos de asiento son esos amigos fijos discontinuos, como los antiguos porteros que trabajaban en el control de entrada de los estadios antes de que los guardias jurados acabaran por invadir el fútbol y las casetas de la Feria, que nunca vemos el resto del año y que seríamos incapaces de reconocer por la calle si no van enfundados con alguna camiseta del equipo. Estos amigos fijos discontinuos no sabemos cómo se llaman y, sin embargo, ello no impide que nos abracemos a ellos sin pudor en las noches grandes a las que nos hemos acostumbrado los sevillistas. Unos son más vintage, y visten camisetas de Tsartas o Notario, e incluso portan transistor para anticipar las decisiones del VAR; otros, en cambio, solo llevan la última, aun a riesgo de que sea una que jamás exista, la de Dabbur, por ejemplo y a veces se pierden algún gol por estar pendientes de Twitter. Pero todos comparten lo que saben y lo que tienen, salvo que el bocadillo sea de jamón de pata del color de las medias sevillistas.

Me encantan estos amigos fijos discontinuos porque te informan de las nuevas adquisiciones por venir en cualquier ventana de fichajes, de las nuevas perlas de la cantera que aparecen, e insuflan nuevos bríos y optimismo ante la temporada que va a comenzar, porque siempre ven al equipo muy bien. Al corpulento defensa recién llegado, lo comparan con un toro; al fino extremo, lo califican como un dechado de habilidades imposible de detener; y el goleador de apariencia tosca, es uno que enchufa la que le llega, y que si le llega la racha, emulará, no ya al miarma, sino a toda la delantera stuka junta. A mí me encanta rodearme de gente optimista, incluso aquellos que no solo rozan sino que traspasan de largo las fronteras de la realidad contando batallas. El amor es el amor, y en las gradas de un estadio, aunque nos creamos místeres experimentadísimos, lo único que somos es vulgares enamorados que se nos cae la baba con el equipo.

Claro que, desgraciadamente, no todo el monte es orégano, y al igual que no vinieron Ceballos, Luis Alberto, Campaña ni Bergwijn, y, aunque el gol lo tengamos que fiar a que Chicharito haga honor a su mote, no todos los fijos discontinuos de la grada alcanzan la categoría de amigos. El pasado viernes llegué el primero a la grada con Jul y Gan y podemos dar fe de lo que voy a contar, y es que todos, absolutamente todos, que nos relamíamos al comprobar que llegaba el partido y no se ocupaba cierta localidad, no pudimos disimular nuestra decepción al divisar cómo subía desde la boca del graderío nuestro vecino de atrás, al que su camiseta de la Juventus de Turín apenas le daba para ocultar la prominencia de su ombligo saltón y velludo.

— No ha muerto— suspiró Jul.

— Viene más gordito— añadió Gan.

Y todos asentimos, absolutamente decepcionados.

Cómo creer en las estadísticas sanitarias. Cómo confiar en los médicos e investigadores que nos dicen que la obesidad y el tabaco son indicadores de riesgo de infarto. Y qué decir si además, este juventino es el tipo más negativo y estresado que hay por todo Gol Sur. ¿No es un factor de riesgo añadido? Pues parece que no.

Lo que parece que sí, es que este año lo vamos a tener que soportar de nuevo y ya hasta tememos que sea él quien nos entierre a los demás. Todos los amigos fijos discontinuos suspirábamos porque hubiera pasado ya al tercer anillo, antes incluso de que lo construyeran, todos estábamos dispuestos a guardar un minuto de silencio antes de abrazarnos y celebrar su paso a mejor vida, al menos para nosotros y para su esposa si la conserva. Pero no, ahí estaba el tío. Y poco tiempo tuvo que pasar para que comenzase a gritar “¡¡Lopetegui, haz cambios!! Bastó llegar al receso para refrigeración. Poco después ya nos anunció que Denis Suárez nos marcaría un gol, porque estos tipos, además de ser cenizos, tienen un don para adelantar las desgracias.

Indignados con este enemigo fijo discontinuo que sufrimos en nuestro barrio pizjuanero, y conscientes de que este tipo no es una especie en vías de extinción, puesto que hay más de uno a lo largo y ancho del estadio, tenemos pensado para el próximo partido en casa hacer una recogida de firmas para exigir a la junta directiva hacer una grada especial, a semejanza de la que se reserva a la hinchada del equipo visitante, para nuestros pesimistas.

Visita y firma la petición www.change.org/sevillistascenizoslejosdemivista.html  y a ver si podemos mandar a todas estas aves de mal agüero al tercer anillo. Si no puede ser al actual, al que construyan. Qué hartura de gente.

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