"Jul y Gan" | La opinión de Manuel Machuca

Un año más el Sevilla comienza fuerte en la liga. Que sea salida de caballo y llegada de burro, no lo sabemos. Podríamos preguntarle al profesor Lamine Kone, vidente con nombre de futbolista que entrega información sobre sus servicios en los alrededores de nuestro estadio, al que a buen seguro muchos aficionados desearíamos recurrir si no fuera porque su predicción debe de ser menos fiable que un parte meteorológico de Aemet.

Desechada la consulta al profesor Lamine, desaparecido el Canal 47 de televisión, que tan buenas predicciones y calenturas nos ofrecía, solo nos queda disfrutar del presente y que el éxtasis se estire lo más posible, enviagrados o embriagados de placer.

Que el sevillismo está eufórico lo prueba el índice bursátil local TOAST-35, indicador del consumo de tostadas con tomate y jamón en las mejores cafeterías de la ciudad, que sube como la espuma en la zona nervionense a la par que desciende en los aledaños de Bellavista. Justo lo contrario que el AHORC-35, que marca el consumo de antidepresivos, elevado hasta límites estratosféricos en los alrededores del Hospital Virgen del Rocío, que si ya no daba abasto con las cagaleras por carne mechá, ahora tiene que apechugar con las consecuencias gastrointestinales de la tibieza defensiva del equipo de su barrio.

Más allá de que el futuro es impredecible, y que me perdone el profesor Lamine, hay indicios de que esta temporada puede ser diferente. Al equipo parece que le han inyectado bótox en todas sus líneas y ya no se arruga con equipos agresivos como el Granada o el Alavés. Pelea, lucha y se remanga. Ahora sí que nos creemos, o mejor dicho, los futbolistas se creen, el lema del que nunca se rinde. Un solo gol encajado en cuatro partidos, ninguno fuera del Pizjuán, dice mucho de la solidez, y también de la solidaridad de un equipo que sabe a lo que juega. Pero el Sevilla no es solo un equipo aguerrido, sino que juega, y muy bien, al fútbol. Si es que defender no es jugar al fútbol, claro, porque no solo resguarda la portería; mueve la pelota y aburre a los contrarios, que comienzan a convencerse de que si van por detrás en el marcador, será tarea heroica remontarnos. No obstante, quedan muchas incógnitas por despejar.

En primer lugar, el escaso acierto ante el gol, que puede pasar factura ante equipos grandes, a los que aún no nos hemos enfrentado, aspecto que también puede ser engañoso. El domingo tenemos una prueba de fuego y hace falta que comencemos a meter todos los chicharitos que podamos.

En segundo lugar, afortunadamente no nos echan cuenta todavía en la capital del Reino. Para la Corte somos una anécdota, un tema de chascarrillo que no va a pasar de hacer un reportaje con entrevistas a aficionados aburridos que pasean entre el Nervión Plaza y el verdadero coliseo de Nervión. A lo sumo, los periodistas capitalinos podrán elegir esta semana como temas de mofa y buen humor entre especular acerca de si somos candidatos al título liguero o mostrar una nueva empresa andaluza afectada por listeriosis. Todavía no se han cagado, y mira que son de vientre fácil y lágrima viva, nos han mandado a Mateu Lahoz a impartir justicia, sinónimo en este caso de allanar el camino a los de siempre para que nada cambie. Quizás si venzamos el domingo empiecen a ponerse nerviosos y el VAR empiece a darnos dolores de cabeza.

En tercero, las rotaciones y la gestión medioambiental en el vestuario. Comienza la competición europea y hay muchos futbolistas que deberían aportar razones de peso para generar un cambio climático que suba al carro a muchos que, tarde o temprano, deberían gozar de una oportunidad.

Mientras tanto, disfrutemos en lugar de meternos a profesores Lamine. Y ante las preguntas que nos hagamos sobre el futuro, respondámonos como lo hacía otra vidente de mucho éxito, española que no ocupa plaza extracomunitaria en la liga de videntes como Lamine. Ella siempre respondía de la misma forma a las consultas que le hacían, y además nunca fallaba. ¿Ganará el Sevilla la liga? El tiempo te lo dirá.

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